Mujeres públicas

Por Zaida Muxí

Si el título resulta provocador, nos tendría que hacer reflexionar sobre el sexismo en el lenguaje, confirmando que el lenguaje no es neutro: refleja la manera en que no somos considerados en igualdad los hombres y las mujeres. Porque, a pesar que la Real Academia Española1 entienda o justifique el uso del genérico masculino, aún reconociendo la discriminación hacia las mujeres, queda demostrado que el lenguaje está lleno de valores y significados que deberían cambiarse a medida que la sociedad se democratiza, ya que el lenguaje, además de ser una expresión cultural, está vivo.

Jane Jacobs nos sirve para enlazar diferentes aportaciones desde una perspectiva compartida históricamente por las mujeres que han trabajado para la construcción de ciudades más justas, más equilibradas, y más habitables.

Esta manera de entender la ciudad se caracteriza por:

La importancia de la experiencia vivida: vivir en un cuerpo femenino y desde la perspectiva de género. Aquí nos referimos a dos cuestiones, una que el cuerpo es sexuado y el cuerpo sexuado femenino no vive igual, no siente igual, no actúa igual al cuerpo sexuado masculino. Y en segundo lugar, nos referimos a la experiencia asignada al género que significa y ha significado una asignación de roles y capacidades diferentes a hombres y mujeres. En esta asignación a las mujeres se les ha otorgado el trabajo reproductivo, generalmente invisible, no pagado y que sucede, en teoría, en el interior de las viviendas,2 separado del exterior, que es el lugar del género masculino y del trabajo productivo (remunerado y visible) también masculino.

La comprensión de la ciudad como sistema complejo significa una interpretación en la que se utilicen conocimientos de diferentes áreas, al tiempo que se trabaje a diferentes escalas, para corroborar y comprobar los efectos y resultados de cada decisión. En esta aproximación se considera con igual importancia tanto las actuaciones, tenidas como menores por la práctica más extendida, de efecto directo para las personas, aunque poco espectaculares, como las decisiones de mayor escala, informada por las necesidades y lógicas de las grandes infraestructuras e inversiones. Sin embargo, es imprescindible cambiar esta última lógica como preponderante, generalmente impuesta sin tener en cuenta ni comprobarse los beneficios reales para la ciudad y las personas ni los impactos ambientales que suelen acarrear.

En la reflexión urbana desde el género femenino y desde los feminismos las personas son el centro de atención y el objetivo del proyecto urbano es mejorar sus condiciones de vida. Por ello, no hay problema ni necesidad “menor” que no deba ser atendido haciendo un uso eficiente de recursos, que significa siempre pensar en reutilización, reciclaje, renovación sin destrucción masiva y ni tábula rasa.

En las primeras palabras de la introducción al libro Muerte y vida de las grandes ciudades, Jane Jacobs deja claras muchas de las cuestiones citadas como características de la perspectiva de género y las teorías feministas:

Este libro es un ataque contra el actual urbanismo y la reconstrucción urbana. También es, principalmente, un intento de presentación de nuevos principios de planificación y reconstrucción urbana, diferentes, incluso opuestos, a los que se enseñan… Es más bien un ataque contra los principios y los fines que han modelado el moderno y ortodoxo urbanismo y la reconstrucción urbana.

Para exponer unos principios diferentes, voy a escribir sobre cosas corrientes y vulgares.

El tono sarcástico de esta frase, nos introduce otra de las cuestiones fundamentales de la defensa de otra manera de vivir, ver, y pensar las ciudades, que hace mayoritariamente énfasis en las cuestiones cercanas, próximas de cada día. Pero que podemos comprobar cómo no son tenidos en cuenta aun hoy, a más de 50 años que Jane Jacobs publicara el libro. Las personas y sus cotidianos son cuestiones infravaloradas, no consideradas, no entran en la ecuación de los grandes proyectos urbanos- “Por ejemplo, qué tipos de calles son seguras y cuáles no; por qué algunos parques urbanos son maravillosos y otros son cepos y hasta trampas mortales; por qué ciertos barrios siguen siendo bajos y otros se rehabilitan solos, a pesar de resistencias oficiales y financieras; por qué el centro de la ciudad y las áreas comerciales se desplazan; qué es, si es que es algo, una vecindad auténtica y qué labores hace, si es que hace alguna, en las grandes ciudades. En resumen, escribiré cómo funcionan las ciudades en la vida real, pues solo así conoceremos qué principios urbanísticos y qué prácticas de rehabilitación pueden estimular la vitalidad social y económica de las ciudades, y qué principios y prácticas matarían estos atributos3”.

jane-jacobsJane Jacobs, en su ejercicio como pensadora urbana, propone un cambio en la manera de abordar el conocimiento de la ciudad y con ello una manera diferente para responder desde el proyecto: actuar desde y para los espacios y las personas reales. En este libro contrasta continuamente lo que dicen “los que saben” con la realidad, comprobando que muchas veces las decisiones o las valoraciones sobre un lugar se toman sin conocimiento real del sitio, haciendo propuestas de reforma y transformación desde suposiciones o estudios parciales que se basan en preconceptos o en creencias. Para la urbanista Clara Greed el urbanismo no es tanto una ciencia como una creencia, ya que muchas veces se basa en presupuestos no comprobados, sino en posicionamientos previos de los planificadores. Jane Jacobs4 explica que:

“Hace veinte años, cuando vi el North End –Boston- por vez primera, sus edificios… estaban terriblemente superpoblados; daba la impresión de ser un distrito apaleado físicamente y, por supuesto, muy pobre, desesperadamente pobre.

Cuando vi de nuevo North End, en 1959, me quedé asombrada ante el cambio. Decenas y decenas de inmuebles habían sido restaurados…totalmente mezclados con los inmuebles dedicados a viviendas había infinidad de fabulosas tiendas de comida, así como talleres… las calles rebosaban de vida con niños alborotando, gente comprando, gente paseando y gente conversando…este lugar me pareció, con gran alivio, lo más saludable de la ciudad …”5

Su descripción continúa explicando que, ante tal cambio, se propone averiguar cómo ha sido hecho el cambio, con qué dinero, ya que sabe que es muy difícil conseguir dinero para estos barrios. Para descubrirlo decide llamar a un amigo urbanista, que se sorprende al saber desde donde lo llama. Este amigo le explica que allí no ha habido ningún crédito ni ayuda oficial, que es la gente quien ha lo ha realizado. Le explica también que es el barrio con mejores índices de salud, de seguridad, en definitiva, de calidad de vida. A pesar de estos índices el hombre no entiende cómo un barrio tan malo puede estar así de bien, a lo que ella responde: “Ya podéis tener unos cuantos (barrios) igual… tendríais que estar aquí aprendiendo cuanto pudierais.” Para sorpresa de Jacobs este hombre le reconoce la vitalidad y el buen vivir de ese barrio, pero su “yo” profesional le impide considerar lo real, lo que ve, lo que experimenta, sino corresponde con el espacio físico idealizado del urbanismo moderno.

Es importante reseñar que cuando Jane Jacobs escribe este libro, haciendo una férrea defensa de la vida urbana, se enfrenta a los grandes destrozos que está provocando la doble política de construcción de suburbios residenciales, financiados con hipotecas federales para familias blancas y de la construcción de autopistas, financiadas por fondos federales que conectan los nuevos suburbios residenciales y los centros urbanos que se pretenden limitados a actividades laborales. Todo ello conlleva el derribo de barrios enteros para que las autopistas puedan atravesar las ciudades sin obstáculos. Se construye así un territorio doblemente dual: racial y de sexos-géneros. Las ciudades abandonadas quedan para los que nos son blancos y el suburbio se constituye en una trampa de la que será muy difícil salir para las mujeres blancas. Casi coincidente con el libro de Jacobs, otro libro escrito por Betty Friedan, La mística de la femineidad (1963) denuncia el mal sin nombre, que es como se denomina a la depresión que aqueja a las supuestamente felices mujeres del suburbio. Jacobs en su libro también denuncia la falsedad del suburbio natural como imaginario de deseo:

Gracias a las ciudades fue posible popularizar la idea de la contemplación de la “naturaleza” como algo benigno, ennoblecedor y puro, y por extensión considerar al “hombre natural” (decidan cuan “natural”) igualmente benigno, noble y puro. Opuestas a toda esta pureza, nobleza y beneficencia elevada al rango de ficción, las ciudades (que no son ninguna ficción) podrían ser consideradas asiento del mal…No es casual que nosotros los americanos, probablemente campeones del mundo en esto de sentimentalizar la naturaleza, seamos… los mayores, más voraces y menos respetuosos destructores del idílico y salvaje mundo rural.

…De esta forma, todos los días las excavadoras se tragan varios kilómetros de nuestro campo, que luego se cubren con asfalto y se salpican con suburbanitas que han matado aquello que vinieron a buscar… tierra agrícola de primera calidad (un raro tesoro de la naturaleza en nuestro globo terráqueo) se sacrifica a las autopistas o a los aparcamientos de los supermercados, con tan poca consideración e inconsciencia como se talan los árboles de los bosques, o como se corrompen las corrientes y los ríos y se llena el aire con los residuos de la gasolina…

El desorden suburbanizado o semiurbanizado que creamos de esta manera es menospreciado mañana por sus propios habitantes. Estas ralas dispersiones carecen de un grado razonable de vitalidad, poder de retención o utilidad como asentamientos… en seguida empiezan a decaer al estilo de las áreas grises y moribundas de las ciudades. De hecho, una enorme cantidad de los cinturones grises de hoy son la aproximación de la naturaleza de ayer…6

Esta crítica proto-ecologista que hace Jane Jacobs es totalmente contracorriente, ya que tanto las políticas públicas como los imaginarios colectivos conducen a la deseada vida del suburbio. Esto enlaza con la preocupación por el uso eficiente de los recursos y, por ello, con la tradición de la rehabilitación y mejora de viviendas obreras y áreas urbanas degradadas, sin producir grandes cambios ni destrucciones que los grupos de mujeres inglesas iniciados por Octavia Hill en 1860. Ante la destrucción masiva de barrios insalubres y deteriorados desde la perspectiva higiénico-moralista, preponderante a mediados del XIX, y con el real objetivo de abrir paso a las grandes avenidas y vías del tren, estas asociaciones de mujeres proponían una mejora progresiva de las condiciones de habitabilidad en las que hubiera responsabilidad y acción tanto de las clases adineradas que aportaban su “beneficencia” como de los propios moradores. Esta postura será aprendida por Patrick Geddes, a través de la relación de su mujer Anna Morton con el trabajo de las hermanas Hill, quien la aplicará en la India en sus propuestas de mejora de slums: no destruir sino mejorar manteniendo arraigo y redes socio-laborales7.

Al entender las ciudades como sistemas complejos, Jacobs indaga y entrelaza aspectos humanos y físicos, entendiendo como se interrelacionan y se potencian o no, “…en las partes de las ciudades que funcionan bien en unos aspectos y mal en otros (cosa que ocurre a menudo), no podemos analizar las virtudes y las faltas, diagnosticar los males o sopesar cambios útiles sin abordarlos como problemas de complejidad organizada”.8

Explica cómo se ha avanzado en el estudio científico simple de dos variables a los sistemas de variables complejos, sin embargo…

la teoría urbanística ha seguido aplicando con persistencia sistemas de pensamiento y de análisis de dos variables a las grandes ciudades; hasta hoy en día los urbanistas y arquitectos creen estar en posesión de la verdad sobre el tipo de problema con que se enfrentan cuando intentan formar o reformar las vecindades de las grandes capitales en versiones del sistema de dos variables, con la ratio de una cosa (espacios abiertos) dependiendo sencilla y directamente de la ratio de otra cosa (población).9

Trabajar con la observación cotidiana, del detalle en diferentes escalas y de las problemáticas concretas, como hemos realizado con el Col·lectiu punt 610, nos ha permitido analizar la realidad en variables separadas para luego entrelazar su lectura y constituir una herramienta de aprendizaje, interpretación y diagnosis, imprescindible para pensar o repensar los barrios y las ciudades desde la experiencia femenina, introduciendo la misma como conocimiento imprescindible para el urbanismo. Jacobs también hace referencia a este punto de variables y detalles para conocer la realidad:

Para comprender a las ciudades, creo que los hábitos de pensamiento más importantes son los siguientes

  1. Pensar siempre en procesos

  2. Trabajar inductivamente, razonando de lo particular a lo general y no al revés

  3. Buscar indicaciones o señales singulares, que impliquen cantidades pequeñas, que revelen la forma en que operan las cantidades mayores y más abundantes.11

Esto lo comprobamos claramente cuando Jacobs describe clara y minuciosamente su entorno, los barrios que visita o las calles para explicarnos que es lo que genera seguridad en cualquiera estos entornos, el cúmulo de factores menores que llevan a un entorno seguro: la actividad variada, le gente diversa que camina o pasea por diferentes motivos, la actividad convertida en ojos que miran el espacio público convertidos en vigilancia informal pero eficiente. Una seguridad dada por la actividad y la vitalidad de la calle.

La búsqueda de la seguridad en los espacios públicos es una constante en los discursos feministas y desde la experiencia de género, ya que la sociedad patriarcal y machista todavía interpreta a la mujer en la calle como objeto público. Esto es así por roles de género en continua construcción a través de diversos canales: propagandas en las que la mujer es un cuerpo en venta; seriales o películas que sitúan a la mujer en situaciones absurdas, y revistas, tanto femeninas como masculinas, que siguen construyendo la imagen de la mujer como reflejo del deseo y la posesión masculina. La seguridad en las ciudades es un tema de vital importancia, en especial para las mujeres, porque en ella va su libertad y oportunidad para elegir quien quiere ser. Aunque no hemos de olvidar que el mayor riesgo porcentual para las mujeres se encuentra en su entorno más próximo. En los años 90 las mujeres de Montreal se organizaron para trabajar la seguridad en la ciudad y en el suburbio, a partir de sus experiencias, estableciendo seis principios para un entorno urbano seguro, que fueron recogidos con la coordinación de Anne Michaud en Pour un environment urbain sécuritaire. Guide d´aménagement. Programme Femmes et Ville de la Villede Montreal, 2002.

Los principios son:

1- La señalización: saber adónde se está y adónde se va.

2- La visibilidad: ver y ser visto.

3- La concurrencia de personas: oír y ser oído.

4- La vigilancia formal y acceso a la ayuda: poder escapar y obtener auxilio.

5- La planificación y el mantenimiento de los lugares: vivir en un ambiente limpio y acogedor.

6- La participación de la comunidad: actuar en conjunto.

Lo interesante es trabajar de forma integrada estos conceptos ya que de esta manera podemos, partiendo de situaciones particulares, entender las dinámicas urbanas. A partir de experiencias con mujeres en talleres de urbanismo y género por el territorio catalán fuimos capaces de elaborar que significa para nosotras estos entornos seguros12.

La observación atenta de la realidad, por mínima que ésta sea y para dar una respuesta a los problemas observados, constituye una constante en las aportaciones de mujeres a la ciudad. Así lo podemos corroborar en tres acciones separadas en el tiempo entre cada una de ellas por más de cincuenta años.

A finales del siglo XIX y principios del XX, en las ciudades del este de Estados Unidos, las mujeres agrupadas en torno a los reclamos de sus derechos políticos también comenzaron a intervenir en asuntos de la ciudad como primera acción de mujeres públicas. Asumiendo que en su papel de amas de casa son las encargadas del bienestar de todas las personas que allí habitan, atendiendo a cuestiones de nutrición, limpieza, sanidad, y educación, propusieron llevar estas tareas a la ciudad, al espacio público. Así cominzó un movimiento denominado Municipal housekeeping,13 como crítica activa y propositiva al proyecto urbano que solo atiende a las grandes intervenciones, como las aperturas de ejes monumentales, los grandes edificios monumentales, los grandes acontecimientos, en definitiva que realizan un embellecimiento y mejora parcial de la ciudad. Estas acciones comienzan en Chicago como respuesta a la Exposición Colombina de 1893 y al proyecto urbano de 1909 enmarcado en el movimiento “City Beautiful” proyecto de Daniel Burnham y Edward H. Bennet. La observación de la ciudad, más allá del espacio embellecido utilizado por las clases medias y altas, lleva a estas mujeres a organizar una serie de acciones para mejorar las condiciones de habitabilidad de la ciudad de los pobres. La calle como espacio de relación para niños y niñas, mientras sus padres trabajan, no tiene las condiciones higiénicas mínimas: animales muertos y aguas estancadas las convierten en espacios foco de infecciones. Para paliar este primer problema, organizan la limpieza diaria de los mismos y exigen que las calles sean construidas con los materiales más modernos que facilitan su limpieza y mantenimiento. Estos mismos niños y niñas pasan el día en la calle porque no tiene oferta de espacios educativos ni de recreación. En respuesta a estas necesidades organizan servicios de guarderías y jardines de infantes y proponen la utilización temporal de solares abandonados como espacios de juego. Por último, organizan baños públicos para toda la familia, dando un servicio que no se disponía en las viviendas de alquiler obrera (tenements).

La segunda experiencia se realizó en Ámsterdam al acabar la 2ª Guerra Mundial. La ciudad se enfrentó a una necesidad inminente e inmensa de viviendas, que se construyeron en grandes paquetes en la periferia de la ciudad. Mientras tanto, la ciudad central, con gran cantidad de edificios desaparecidos, con solares abandonados llenos de escombros, suciedad o infrautilizados como depósitos insalubres, no presenta las condiciones para actividades de juego infantil ni de encuentro para los mayores. La urbanista Jakoba Mulder, quien trabajaba como directora del espacio público bajo las órdenes de Cornelius van Esteren, mirando desde su ventana observa una niña que juega con casi nada en la estrecha acera que tiene a su alcance. A partir de aquí propone un uso temporal de parcelas, que se hayan transformado en solares vacíos e insalubres que manchan todo el centro de la ciudad. Para realizar este proyecto convoca a su colaborador Aldo van Eyck para que diseñe un sistema de elementos de fácil y económica ejecución, que se compondrán en función del espacio disponible, para ofrecer una plaza temporal hasta que los propietarios públicos o privados puedan edificar en estas parcelas. Además del sistema proyectual, se establece un sistema participativo, bottom-up, para la demanda de estos espacios. Será la ciudadanía la que detecte la oportunidad dada por la existencia de potenciales usuarias y usuarios de los espacios, así como de un solar vacío en las condiciones descritas. Una vez solicitado este espacio, sería el gobierno municipal, a través de la oficina del espacio público, quien determinaría la viabilidad técnica y legal del mismo procediendo al proyecto. Hasta el año 1961 se recuperaron a través de este programa más de 700 espacios de juego y encuentro en la ciudad de Ámsterdam14.

El tercer ejemplo, más reciente, se sitúa en la ciudad de Viena y se trata de la rehabilitación del distrito Mariahilfer (2009), a partir de la observación y detección de necesidades específicas de las diferentes personas que viven y utilizan el barrio. Este proyecto ha sido llevado a cabo por la oficina pública que dirige Eva Kail. Se trata de un proyecto de mejora urbana aplicando la perspectiva de género, que significa mirar el detalle de usos y personas usuarias, para responder a cada especificidad con “pequeños” detalles que redundan en mejoras concretas de la vida real de las personas. No se trata de un proyecto de espectáculos ni para las revistas, sino que las actuaciones son casi imperceptibles.

Un problema visibilizado es la dificultad que representa para personas mayores, con capacidades reducidas de movimiento y pocas capacidades visuales y auditivas, el cruce de ciertas calles. Además, es una solución generalizada que, para favorecer el giro de los vehículos, los pasos de cebra se sitúen retirados de las esquinas resultando en más metros a caminar para las personas. Para solucionar este problema, y en cruces específicos de mayor intensidad y velocidad de tráfico, se opto por colocar semáforos de tres tiempos, en el que los peatones tienen un tiempo de cruce específico, no teniendo que cuidarse de los coches que giran ni modificar su recorrido para permitir el giro de vehículos. Otro problema es que muchas veces los tiempos de los semáforos no son suficientes para personas que caminan lento, generalmente personas en los extremos vitales. Como el tiempo del semáforo no depende de esta oficina y para la oficina de tráfico el cambio de un semáforo repercute en toda la red viaria y es por lo tanto no modificable ¿cómo solucionar estos cruces? Si el tiempo no se puede modificar se modifica la distancia, igual tiempo para menor distancia mejora las oportunidades de atravesar calles para estas personas. Para ello se han acercado esquinas, moviendo el bordillo hasta ocupar el ancho de los aparcamientos, disminuyendo 4 metros en calles con doble aparcamiento.

Otra cuestión que se propuso en el proyecto de Mariahifer es la colocación de bancos en todos los recorridos. No se pensó en el banco solo como un elemento para ser utilizado por placer, por tanto en entornos con cualidades ambientales concretas, sino que se piensan como herramientas para la autonomía. Colocar bancos en las calles permite que personas con dificultades de movimiento puedan recorrer distancias mayores. Una experiencia similar fue llevada a cabo por Isabel Salamaña durante su gestión como concejala de la ciudad de Girona.

Volvemos a Jane Jacobs para terminar, “…las ciudades de vida intensa, animada y diversa contienen las semillas de su propia regeneración y tienen la energía suficiente para asumir problemas y necesidades ajenos”15

En definitiva, esta selección de casos son una pequeña demostración de lo que las mujeres tanto desde la experiencia de cuerpo sexuado femenino como de los roles de género hemos aportado a la construcción de la ciudad. Entendiendo como Jacobs que es la propia ciudad y sus habitantes, hombres y mujeres, quienes tienen la capacidad para mantenerla viva. Por ello la observación, la participación y la experiencia real de las personas son fuentes de conocimiento para el urbanismo con perspectiva de género. Es necesario continuar investigando y escribiendo para visibilizar estas presencias, no reconocidas en las historias oficiales de la arquitectura y el urbanismo:

…las mujeres han dejado muchas menos huellas que los hombres en la documentación histórica. Esta es una de las consecuencias más importantes de las actitudes culturales negativas hacia las mujeres. Si su historia se define como los hechos de los hombres se menosprecian sus acciones, la vida de las mujeres se hace “ahistórica”, al vivir fuera del mundo de las empresas masculinas.16

La desaparición de las aportaciones femeninas del conocimiento compartido es un desperdicio insostenible de recursos. Por ello se ha de trabajar para visibilizar las aportaciones de mujeres, deconstruyendo y desvelando los criterios utilizados para ser merecedor o merecedora de entrar en la historia, criterios considerados universalmente válidos que se nutren de las experiencias y los valores de sexo y de género masculino. Se trata de respetar y aceptar las diferencias para alcanzar la igualdad.

1 A raíz de un texto firmado por el académico Ignacio Bosque publicado en el periódico El país el domingo 4 de marzo de 2012, en el que se defiende la neutralidad de la lengua castellana y su inmovilidad.

2 BOFILL LEVI, Anna Planejament urbanístic, espais urbans i espais interiors des de la perspectiva de les dones. Barcelona, Quaderns de l’Institut, Generalitat de Catalunya, Institut Català de les Dones, 2005.

3 JACOBS, J Op. cit. Pag 29

4 GREED, Clara. Women and planning: creating gendered realities. London, Routledge, 1994

5 JACOBS, J Op. cit pag 35-36

6 JACOBS, J. OP cit pag 484-485

7 ANDERSON, Anne y DARLING, Elizabeth “The Hill Sisters: Cultural Philanthropy and the Embellishment of Live in late-Ninteenth Century England” en DARLING, Elizabeth y WHITWORTH, Lesley, eds Women and the Making of Built Space in England, 1870-1950. Aldershot, Ashgate Publishing Limited, 2007.

8Idem pag 473

9 Idem pag. 474

10 Col·lectiu punt 6 http://punt6.wordpress.com/

11 JACOBS, J. OP cit pag 479

12 Col·lectiu punt6 “Construyendo entornos seguros desde la perspectiva de género” en FREIXANET, María, Ed. No surtis sola. Barcelona, ICPS 2011.

13 SPAIN, Dafne How Women Saved the City.

14LEFAIVRE, Liane + DOLL Ground-up City Play as a Design Tool. Rotterdam, 010 Publishers, 2007.

15 Op. citada pag 487

16 Anderson, Bonnie S. y Zinsser, Judith P. HISTORIA DE LAS MUJERES. Una historia propia. Madrid, Ed. Crítica. 2007 (1º edición en inglés en 1998)

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2 thoughts on “Mujeres públicas

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  1. Gracias por su trabajo dra. arq. y gracias por compartir, interesantísimos estos artículos aunque desgraciadamente en mi país no se toman en cuenta seguiré luchando un saludo

    M'agrada

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