Fòrum 2004, un aniversario sin celebración

Por Josep Maria Montaner

Hoy 8 de mayo se cumplen 10 años de la inauguración oficial del Fòrum Universal de las Culturas. Un aniversario que seguro que nadie va a celebrar. A la vista de todos y todas está el gran recinto que se construyó para el evento, aún bastante infrautilizado, para que cualquiera lo visite y emita su opinión. Tanto por lo que respecta a los contenidos como a los contenedores, existe un consenso de que el Fòrum 2004 evidenció el declive en la gestión de la ciudad: no se consiguieron parte de los objetivos, ni se llego a la cantidad de visitantes previstos; las críticas al Fòrum por parte de los movimientos sociales y urbanos fueron muy representativas; y lo que predominó entre la ciudadanía fue un total desinterés.

Si repasáramos las distintas fases del proyecto veríamos que hubo una inicial de expectativa y lanzamiento de la idea a partir de 1997; a la que le siguió una fase de gestión a partir del año 2000, en la que se empezaron a traicionar los conceptos iniciales y se conformaron las críticas al proyecto; y a partir del 2002 se confirmaron los malos presagios, con multitud de retrasos y conflictos, personas que dimitían y políticos que se desmarcaban. Así se fue desvelando que el Fòrum estaría muy alejado de lo que se había anunciado al principio, de querer ser inclusivo y de tener voluntad de mejorar el mundo: en realidad fue exclusivo, poco crítico y pensado solo desde un punto de vista empresarial. Durante su celebración, de mayo a setiembre, se mantuvo la polémica y arreciaron las críticas, con un simbólico desembarco y okupación del recinto por parte de los activistas más críticos.

El post-Fòrum no fue menos problemático, durante años con deudas y diversos pleitos; y con una lánguida continuidad de la marca, en Monterrey 2007, Valparaíso 2010 y Nápoles 2013, en que la estela del Fórum se ha ido debilitando hasta disiparse.

El urbanismo y la arquitectura del Fòrum fueron, en realidad, una mala copia del estimulante y articulado nuevo barrio de Euralille, en Francia, iniciado en 1988 siguiendo un concienzudo trabajo político, social y profesional para organizar el concurso del Máster Plan, que ganó Rem Koolhaas y que se completó con diversas intervenciones arquitectónicas y paisajísticas. Lo que allí ha sido un nudo metropolitano de interconexión que funciona, aquí sigue siendo un extremo inhóspito, que ha dejado una serie inconexa de fragmentos, prebendas repartidas por José Antonio Acebillo, hechas a contrarreloj; edificios procedentes cada uno de lógicas y contextos distintos; un mosaico de espacios públicos mal yuxtapuestos y peor realizados; un lugar donde la ciudad colisiona con la nada, tal como manifiesta la fachada ajada y doblada del Centro de Convenciones Internacional de Barcelona.

De los comentarios a la arquitectura del Fórum, recuerdo especialmente cuando el arquitecto brasileño Paulo Mendes da Rocha, premio Pritzker, tras visitar el edifico Fórum, hoy sede del Museu Blau, me dijo: “Esta es una obra de unos suizos que quisieron ser brasileños y les quedó muy triste”.

Aunque tuviera su mérito este ensayo de ciudad por capas, manteniendo debajo de la plataforma la depuradora de aguas y la incineradora de basuras, centrales térmicas y otras instalaciones urbanas, hoy la zona del Fòrum sigue siendo una parte de ciudad sin alma, reanimada de tanto en tanto cuando hay eventos, como la Feria de Abril, rebosante de gente, bailes y comida, o festivales de música como el Primavera Sound o el off Sonar. Mientras se espera que se convierta en una zona exclusivamente de ocio y consumo, organizada en torno a una macrodiscoteca, cada día, debajo de la erosionada y desértica gran plataforma, junto a la pérgola fotovoltaica, se concentra la actividad física y creativa de los que trabajan y ensayan en la Central del Circ, el precioso espacio de una de las Fábricas de Creación, inaugurada en el 2012.

Hoy se podrían plantear diversas consideraciones, pero posiblemente la más destacable es la manifiesta incapacidad de políticos y administradores para recapitular y debatir. Hoy nadie se considera responsable del desacierto. Y más allá de que consideremos que es mejor no dar más vueltas sobre aquel asunto y de que reconozcamos que ya desde el principio nadie se creía que el Fòrum iba a mejorar el mundo, este déficit de autocrítica explica las insuficiencias de la política actual y la ausencia de un proyecto futuro para nuestra sociedad.

Termino recordando la anécdota de una mesa redonda en la que participé en el Ateneu barcelonés, organizada en febrero del 2005, para hacer un balance del Fòrum 2004 y en la que argumenté mi previsible crítica al Fòrum. Finalizado el acto, una persona del público se dirigió a mi, muy amablemente, y me dijo: “Toda la crítica que has hecho a lo que fue el Fòrum se ha quedado corta en relación a lo que realmente fue. Te lo puedo asegurar yo que estuve durante aquellos años trabajando en la organización”.

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