Trabajando sobre las fronteras

Los artículos representan sólo la opinión de sus autores.

Por Micaela Besozzi

El concepto de frontera tradicionalmente se define como la línea divisoria entre dos Estados. Hoy podemos decir que las fronteras aparecen en todos lados, de diversas maneras y escalas. Las ciudades están llenas de estas, que a veces cruzamos, evitamos o ignoramos. Existen fronteras que no las consideramos como tales debido a su cotidianidad. Están disfrazadas con un significado positivo como podría ser seguridad y tranquilidad en el caso de los barrios cerrados. Las fronteras dividen, excluyen, y están cada vez más presentes en nuestra sociedad.

En un mundo donde la economía global, organizada en torno a centros de poder y de control, se maneja con un movimiento fluido de capitales y mercancías sin traba alguna, se crean más y más fronteras para las personas. Se construyen urbanizaciones cerradas, vías rápidas, centros comerciales, a la vez que se generan guetos y asentamientos. En este contexto las sociedades se vuelven cada vez más dualizadas.

La lógica del sistema político económico, en algunos momentos históricos, más allá de sus discriminaciones y desigualdades, consistía en la inclusión de las personas como mano de obra y consumidores. El motivo era puramente económico: la producción en masa de objetos, viviendas, etc., y el consumo de los mismos.

La revolución industrial del siglo XIX generó un gran movimiento de personas que se iban del campo a la ciudad atraídos por la oferta laboral y el beneficio económico que ello implicaba, lo que impulso un rápido crecimiento en las urbes de la época. En el siglo XX el mayor crecimiento de las ciudades se da en países subdesarrollados; este movimiento no tanto tiene que ver con el desarrollo industrial, sino más bien con una búsqueda por mejorar las condiciones de vida que se llevan en el medio rural.

Según explica Saskia Sassen en una entrevista realizada por el CCCB (Centro de Cultura Contemporània de Barcelona) hoy en día nos encontramos con un sistema económico totalmente diferente. El consumo sigue cumpliendo un papel importante, pero aparecen nuevas modalidades de generar plusvalías donde no se necesita más gente. La lógica cambia y pasa a ser un sistema que va generando expulsiones. La urbanización de la población mundial tiene detrás múltiples historias de destrucción y de expulsión. Esta ha generado cambios en la estructura interna de las ciudades a lo largo de la historia. Un rápido crecimiento de la ciudad trae consigo la falta de servicios urbanos, carencia de acceso a la tierra, recursos financieros y una vivienda adecuada.

Hoy vemos en nuestras ciudades dos realidades que conviven: una ciudad formal, con un urbanismo formal y legal; y una ciudad informal marginal y autoconstruida. Las dos están íntimamente relacionadas pero separadas. La segunda surge como alternativa a las insuficiencias de la primera, y la primera se nutre de las aportaciones de la segunda. Existen diversos tipos de tejidos urbanos informales ya sean favelas, slums, asentamientos, villas miseria, etc. Pero más allá de sus diferencias reconocemos que las personas que viven en ellos tienen en común el haber quedado al margen de un sistema que no los necesita, pasando a estar excluidos.

artículo fronteras

A raíz de estas grandes desigualdades en nuestra sociedad, han aparecido diversos estudios acerca de la situación actual acompañados de propuestas y posibles planes para revertir los procesos de exclusión y generar oportunidades.
La CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), una de las comisiones de las Naciones Unidas, fue fundada para contribuir al desarrollo en América Latina, entre otros, incorporando luego el objetivo de promover el desarrollo social. Desde esta perspectiva se ha puesto especial atención en:

“…promover una mayor igualdad de oportunidades por la vía de la educación y sus beneficios para las familias pobres, en abordar y revertir las dinámicas excluyentes de mercados de trabajo caracterizados por la heterogeneidad estructural, en la redistribución de activos por la vía del gasto social y en la promoción del pleno ejercicio de la ciudadanía, fortaleciendo así la democracia pero también sentando las bases políticas para la consolidación de sociedades más incluyentes” (CEPAL; 2006)

Uno de los documentos lanzados por esta comisión centra su investigación en la protección social, reclamando un cambio de enfoque ante el nuevo orden global. Toma al mercado de trabajo como el elemento que lleva a repensar los mecanismos utilizados con fines de protección social, ya que estos no han demostrado ninguna capacidad de inclusión. También se examinan las iniciativas en programas sociales que se han venido implementando en Latinoamérica, donde se promueve la integración e inclusión social, ya que se entiende que es el primer paso para conseguir que el total de la población pueda llegar a ejercer sus derechos económicos y sociales.

Existen diversos tipos de programas que intentan por caminos diferentes abordar el tema de la pobreza buscando potenciar el capital humano, ofrecer oportunidades productivas y actuar en el entorno familiar. La pobreza es un fenómeno multidimensional. Además de no poder contar con los ingresos suficientes para tener acceso al consumo de bienes y servicios para cubrir las necesidades básicas, también se entiende como exclusión social. La marginación impide la participación y el goce de los derechos. Los altos índices de pobreza están asociados a bajos niveles educacionales y a condiciones insalubres de vivienda. La pobreza no es la simple cuantificación del ingreso, por lo que algunas acciones públicas que han atendido específicamente este aspecto, no han sido efectivas.

“Los programas deben consistir en una combinación de medidas de alivio de la pobreza a corto plazo con medidas tendientes a eliminar sus causas más estructurales. Estas se manifiestan en la dimensión intertemporal de la pobreza, pues, junto con bajos niveles de ingreso, las familias pobres acumulan insuficiente capital humano en materia de nutrición, salud y educación, entre otras cosas, lo que afecta las posibilidades futuras de los más jóvenes y atenta contra la igualdad de oportunidades.” (CEPAL; 2006)

El Programa “Uruguay Trabaja” creado en el 2007, integra el componente “Trabajo Promovido” del Plan de Equidad y es implementado por el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) a través de la Dirección Nacional de Economía Social. Su objetivo general es:

“…contribuir al desarrollo de procesos de integración social a través de estrategias socioeducativas y de mejora del nivel de empleabilidad de personas en condición de vulnerabilidad social y desocupación de larga duración, reconociendo al trabajo como actividad humana central que produce efectos sinérgicos en la órbita personal, familiar y social”. (MIDES;2008)

Se busca con los proyectos ocupacionales aumentar la posibilidad de inserción laboral y una mejora de las estrategias de generación de ingresos, favoreciendo la inclusión. Promueve procesos socio-educativos mediante la realización de tareas operativas y la participación en un programa de formación y capacitación. En este programa específico se busca el fortalecimiento del capital social de unión, logrando restablecer un relacionamiento que actúa como sostén y fortalece la autoestima.

Para poder participar se requiere cumplir con una serie de requisitos:

  • tener una edad entre 18 y 65 años
  • poseer nivel de escolaridad inferior a 3er año aprobado de ciclo básico liceal o su equivalente
  • haber permanecido en situación de desocupación laboral en el país por un período no inferior a dos años
  • integrar hogares en situación de vulnerabilidad socio-económica.

El Programa tiene una duración de 6 meses donde se realizan instancias de capacitación y formación en conjunto con tareas comunitarias en organismos públicos por las cuales los participantes recibirán una retribución económica. Se desarrolla de lunes a viernes en jornadas de seis horas diarias, comprendiendo un total de 30 horas semanales de actividades.

Uno de los lugares donde se ha implementado este proyecto es en el pueblo de Tomás Gomensoro, ubicado en el departamento de Artigas, al cual pude acceder al informe final realizado por la Psicóloga Gabriela Silveira, capacitadora y coordinadora del programa. En este se describe la experiencia como positiva y efectiva, con nula deserción y buen nivel de involucramiento. Se muestra que los cambios más significativos se ven en las actitudes de los participantes frente a los integrantes del grupo y hacia la comunidad, además de los conceptos adquiridos como las técnicas para la búsqueda de empleo entre otras. Al entenderse la socialización como parte fundamental de la integración, personas que antes se sentían marginadas y con escasa o nula participación social, encuentran un grupo de referencia y contención.
Dentro de las observaciones que se plantearon dentro del programa, surgió el tema de la temporalidad:

“Los programas, estimamos, tuvieron una corta duración, como para generar una participación realmente activa a lo largo del tiempo, ya que al finalizar, (…) no se tuvo la continuidad que se esperaba para mantener el intercambio y la cohesión que se había logrado durante el trabajo”.(Silveira;2008)

Actualmente se ha implementado una duración de 8 meses en algunas partes del país, para evaluar qué efectos se obtienen y si se logra una mayor cohesión grupal al finalizar el programa.

Otro de los factores importantes fue que se contó con una participación mayoritariamente femenina, por lo que la cuestión de género estuvo dentro de los temas de la capacitación. Lo paradojal, es que mientras ellas realizaron las prestaciones en el programa, sus compañeros se resistían a cumplir y colaborar en las tareas domésticas, aunque estuvieran desocupados, viéndose muchas veces desbordadas por su rol de amas de casa, trabajadoras y madres. La percepción de los hombres en cuanto a la deconstrucción y reconstrucción de su masculinidad tradicional, es un tema que debería abordarse para modificar los modelos de género tradicionales, a otros modelos alternativos.

Más allá de los aspectos a mejorar, todos aquellos que estuvieron involucrados en el proceso, describen la experiencia como una tarea fundamentalmente humanizadora.

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